Comprender tu mundo interno: el primer paso para vivir con más equilibrio

En muchas ocasiones nos sorprendemos pensando: «No entiendo por qué reacciono así» o «Lo que siento no tiene ningún sentido». Nos frustramos cuando nuestras emociones parecen contradictorias o cuando repetimos patrones que desearíamos cambiar.

Sin embargo, desde la psicología sabemos que aquello que sentimos, pensamos o hacemos rara vez aparece porque sí. Detrás de cada emoción, cada reacción y cada conducta suele existir una intención, una necesidad o una forma de protegernos que, en algún momento de nuestra vida, tuvo sentido.

Comparte este artículo:

Dentro de ti conviven muchas partes

Cada persona está formada por diferentes aspectos de sí misma. Hay una parte que busca seguridad, otra que desea explorar y crecer, otra que teme ser rechazada, otra que intenta complacer a los demás y otra que necesita descansar.

También existen partes que cargan con experiencias difíciles del pasado y que, aunque hoy puedan generar malestar, surgieron para ayudarnos a afrontar situaciones complicadas.

Cuando estas partes entran en conflicto, es habitual sentir confusión, ansiedad o una sensación de estar luchando contra uno mismo. Por ejemplo, una parte de ti puede querer dar un paso importante en tu vida mientras otra siente miedo y trata de evitar cualquier riesgo.

Lejos de ser un signo de debilidad, este diálogo interno forma parte de la experiencia humana.

Fractales de coral simbolizando el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo en Torremolinos

Tus emociones tienen una función

A menudo intentamos eliminar emociones como la tristeza, la culpa, el miedo o la ira porque resultan incómodas. Sin embargo, todas cumplen una función.

El miedo trata de protegernos del peligro. La tristeza nos ayuda a procesar las pérdidas. La ira señala que sentimos que se han sobrepasado nuestros límites. Incluso emociones que parecen desproporcionadas pueden estar conectadas con experiencias pasadas que aún necesitan ser comprendidas.

Escuchar nuestras emociones no significa dejarnos llevar por ellas, sino entender qué quieren comunicarnos.

La terapia como un espacio de comprensión

Uno de los objetivos de la terapia psicológica no es eliminar aquellas partes de nosotros que nos resultan incómodas, sino aprender a escucharlas, conocer de dónde vienen, entenderlas y cuidarlas como cada una de ellas necesite. Este es un proceso que requiere respeto, cariño y paciencia, ya que no siempre sabemos identificar rápidamente que es lo que cada una de las partes necesita.

Comprender el origen de nuestros pensamientos, emociones y comportamientos, nos puede ayudar a dejar de vivir en un conflicto constante con nosotros mismos. Pudiendo desarrollar una relación más amable con nuestra propia historia y adquirir recursos para responder de una forma más consciente y saludable a las dificultades del presente.

Este proceso no hace que el dolor desaparezca de un día para otro, pero sí permite que podamos vivir desde otro lugar y que el dolor no sea el que tome el control de nuestra vida actual.

Conocerte para cuidarte

El autoconocimiento no consiste en encontrar una versión «perfecta» de uno mismo, sino en aprender a reconocer nuestras necesidades, mirar y cuidar nuestras vulnerabilidades y descubrir nuestros recursos.

Cuanto mejor entiendas tu mundo interno, más fácil te resultará tomar decisiones coherentes contigo mismo, establecer relaciones más saludables y afrontar las situaciones que vengan con mayor equilibrio emocional.

Pedir ayuda cuando la necesitamos también forma parte de ese cuidado. La terapia ofrece un espacio seguro para explorar lo que ocurre en nuestro interior, comprenderlo y así tener la posinilidad de aumentar nuestro bienestar.

Porque conocerte no es el final del camino. Es el primer paso para empezar a cuidarte de una forma más consciente, compasiva y auténtica.