Frases que pueden herir a tu hijo vs. frases que ayudan a su regulación emocional: cómo acompañar emocionalmente en la infancia
En la crianza cotidiana, las palabras importan. No solo comunican un mensaje, sino que moldean la forma en que los niños entienden sus emociones, se relacionan con los demás y construyen su autoconcepto. Muchas de las expresiones que utilizamos surgen de automatismos, de lo que escuchamos de pequeños o de lo que creemos que “funciona” para mantener la calma en casa.
Sin embargo, algunas de estas frases, aunque bienintencionadas, pueden resultar invalidantes o confusas para los niños.
En este artículo te invitaremos a reflexionar sobre las frases perjudiciales, que bloquean la expresión emocional, y las frases reguladoras, que fomentan la conexión, la seguridad afectiva y el aprendizaje emocional.
¿Por qué es importante cambiar nuestras palabras?
Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil aún está desarrollando las áreas implicadas en la regulación emocional. Los niños no saben regularse solos; dependen del acompañamiento de un adulto disponible, calmado y empático.
En ese proceso, el lenguaje del adulto cumple una función fundamental: ayuda al niño a nombrar, entender y transitar lo que siente.
Las frases que minimizan o invalidan emociones pueden provocar:
- Confusión (“¿por qué me dicen que no llore si tengo ganas de llorar?”)
- Culpa por sentir
- Desconexión con el adulto
- Aprendizaje de inhibir sus emociones
Por el contrario, las frases reguladoras:
- Validan la experiencia interna del niño
- Facilitan la contención
- Favorecen la autorregulación progresiva
- Fortalecen el vínculo y la seguridad emocional
Frases que pueden herir y cómo transformarlas
A continuación, presentamos algunos ejemplos habituales y su propuesta reguladora. El objetivo no es buscar la “frase perfecta”, sino generar un cambio de enfoque: de controlar la conducta a acompañar la emoción.
- “No llores” → “Estoy aquí contigo, puedes llorar si lo necesitas”
En lugar de bloquear la emoción, ofrecemos presencia y aceptación. Llorar es una forma natural de liberar tensión.
- “Compórtate” → “Vamos a sentarnos un momento, cuéntame qué pasa a ver si puedo ayudarte”
El niño no se desregula por elección. Invitar a hablar sobre lo que le está pasando desde la calma abre la puerta a una regulación conjunta.
- “No es para tanto” → “Entiendo que esto te ha hecho sentir mal, ¿quieres hablarlo?”
Minimizar no calma; validar sí. Acompañamos su perspectiva sin juzgarla.
- “Eres muy sensible” → “Todos nos sentimos mal a veces cuéntame qué ha pasado”
Las etiquetas condicionan. Escuchar y nombrar ayuda al niño a comprender lo que le ocurre.
- “Porque yo lo digo” → “Entiendo que no te guste, pero es necesario hacerlo así”
La autoridad no se pierde por dialogar; se fortalece. Explicarle al niño que entendemos su sensación pero que hay cosas que son necesarias aunque no nos apetezca siempre.
Validar no es permitirlo todo
Acompañar emocionalmente no significa dejar de poner límites. Los límites siguen siendo necesarios para la seguridad y el aprendizaje.
La diferencia está en cómo se ponen: desde la calma, la claridad y la conexión.
Ejemplo:
“Sé que estás enfadado y quieres tirar cosas. Expresar la rabia de esta manera no es lo más adecuado. Vamos a buscar otra forma de desahogarte.”
El límite se mantiene, pero no se niega la emoción.
El papel del adulto: regulación compartida
Los niños aprenden regulación emocional a través de la corregulación, es decir, regulándose con un adulto que ya está regulado.
Por eso, más que buscar la frase ideal, es importante:
- Observar qué sentimos como adultos
- Tomar una pausa cuando lo necesitemos
- Hablar desde la calma
- Ser coherentes con nuestro propio manejo emocional
El acompañamiento emocional empieza por nosotros.
Pequeños cambios, grandes transformaciones
Trabajar para cambiar la forma en la que decimos las cosas puede parecer un detalle, pero tiene un impacto profundo en el desarrollo emocional de los niños.
Cada vez que validamos, acompañamos o ponemos palabras a lo que sienten, estamos ayudando a construir adultos más seguros, más conectados y más capaces de relacionarse de forma saludable con los demás.
En nuestro centro, creemos que la crianza consciente no se basa en la perfección, sino en la presencia y la intención.
Si necesitas apoyo para acompañar a tus hijos en su mundo emocional, o deseas trabajar tu propia regulación, podemos ayudarte.